jueves, 22 de diciembre de 2011

Eleusis


Los misterios Eleusianos estaban basados en un mito protagonizado por Deméter. Su hija, Perséfone, fue secuestrada por Hades, el dios de la muerte y el inframundo. Deméter era la diosa de la vida, la agricultura y la fertilidad. Descuidó sus deberes mientras buscaba a su hija, por lo que la Tierra se heló y la gente pasó hambre: el primer invierno. Durante este tiempo Deméter enseñó los secretos de la agricultura a Triptólemo. Finalmente Deméter se reunió con su hija y la tierra volvió a la vida: la primera primavera. Desafortunadamente, Perséfone no podía permanecer indefinidamente en la tierra de los vivos, pues había comido unas pocas semillas de una granada que Hades le había dado, y aquellos que prueban la comida de los muertos ya no pueden regresar. Se llegó a un acuerdo por el que Perséfone permanecía con Hades durante un tercio del año (el invierno, puesto que los griegos sólo tenían tres estaciones, omitiendo el otoño) y con su madre los restantes ocho meses.

Los misterios eleusianos celebraban el regreso de Perséfone, pues éste era también el regreso de las plantas y la vida a la tierra. Perséfone había comido semillas (símbolos de la vida) mientras estuvo en el inframundo (el subsuelo, como las semillas en invierno) y su renacimiento es, por tanto, un símbolo del renacimiento de toda la vida vegetal durante la primavera y, por extensión, de toda la vida sobre la tierra.
Hasta aquí el mito.En realidad los "Misterios eleusianos" era una iniciación del ser humano hacia los mundos suprasensibles. El neófito debía atravesar una gruta que iba estrechándose hacia la salida; previamente se le preparaba, siendo atendido tanto a la entrada como a la salida por un sacerdote. En los últimos metros, la gruta era tan angosta que literalmente el neófito se encontraba emparedado; de tal modo que en un momento determinado la falta de aire y la claustrofobia le hacía perder la percepción del mundo sensible, sufriendo un desmayo "con plena consciencia". Su cuerpo físico se desvanecía pero su consciencia percibía el mundo suprasensible, experimentando por sí mismo que la existencia perdura mas allá de la muerte. A la salida otro sacerdote le atendía para reanimarlo y explicar la experiencia que acababa de suceder.

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